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  • Los hutong (callejones) de Pekín: una ciudad dentro de otra.

    Alrededor del centro de la ciudad de Pekín se expande en forma de red un laberinto de calles donde se pierden todos menos los ancianos curiosos y los gatos sin dueño.

    Alrededor del centro de la ciudad de Pekín se expande en forma de red un laberinto de calles donde se pierden todos menos los ancianos curiosos y los gatos sin dueño. Si un niño cogiera decenas de calles, centenares de ginkgos, ruedas de bicicletas, frutas, verduras, pollos por cocinar colgados por las patas, tiendas de antigüedades, cafeterías modernas con terraza y ropa vintage, las metiera en una caja, las agitara con fuerza y las lanzara en un tablero, les daría a sus muñecos un escenario hutonil.

    En los hutong, callejuelas estrechas formadas por casas tradicionales de ladrillo gris y tejados bajos, uno va girando esquinas y esquivando jaulas con pájaros charlatanes, olor a guiso local o plantas de la vecina. Son como una ciudad que le ha crecido a Pekín en la tripa: entrar implicar salir de la capital moderna aun estando en lo más profundo de ella. El ruido de los coches se transforma en timbres de bicicletas y los edificios rascacielos de las grandes avenidas pasan a ser viviendas recortadas de patio central flanqueando barrios angostos. El pasado aún los habita y, sin embargo, en ellos también hay espacio para lo nuevo.

    Hay quien dice que las reformas han quitado la autenticidad a la zona, quien reclama una historia que parece haber sido tapada por demoliciones y proyectos de rehabilitación de la municipalidad de Pekín, lo cierto es que, para visitantes y residentes, los hutong todavía son un lugar infinito donde encontrar desde paseos tranquilos y vestigios de la historia hasta coctelerías escondidas detrás de cubos de basura. Los hutong son bullicio en unas calles y silencio en otras, contraste constante en cada caminata y, con alguien que te ayude a descubrirlos, no pueden defraudar.